martes, 8 de julio de 2014

CAPITALIDAD PLENA PARA SUCRE

Sucre, Capital de Bolivia

El conflicto de la capitalidad surgió desde el nacimiento de Bolivia a la vida independiente, tras el traslado de la sede del Congreso de Oruro a Sucre donde finalmente se resolvió el destino de las provincias del Alto Perú.El Congreso sancionó la Ley de 11 de agosto de 1825, que mandó: "La Ciudad Capital de la República y su departamento se denominarán en lo sucesivo Sucre" (Art. 14).
Un año después, se declaró por Ley de 1 de julio de 1826 a "Chuquisaca, Capital provisoria de la República de Bolivia".
Fue la Ley Nº 325 de 12 de julio de 1839, estableció: “La ciudad de Chuquisaca declarada Capital de la República.- En adelante se denominará la Ciudad Sucre.

El Congreso General Constituyente ha sancionado la siguiente Ley.
ARTICULO 1°.-La ciudad de Chuquisaca es la Capital de la República, y conforme á la ley de 11 de Agosto de 1826 se llamará en adelante la Ciudad Sucre.
ARTICULO 2°.-El Gobierno dispondrá que se construyan en la ciudad Sucre, los edificios que necesiten para su despacho, los altos poderes de la Nación, principalmente el legislativo; destinado para el efecto el templo suprimido de San Agustín.
Comuníquese al Poder Ejecutivo para su publicación y cumplimiento.
Dada en la Sala de sesiones en Chuquisaca a 10 de Julio de 1839.

Gregorio Reynolds, Presidente, Fernando Valverde, Diputado secretario.

Palacio de Gobierno en Chuquisaca a 12 de julio de 1839, Ejecútese, José Miguel de Velasco, Manuel Maria Urcullu”
.
El carácter constitucional de Sucre, Capital de la República, fue reconocido en la Constitución de 26 de octubre de 1839, cuando dispuso: "Art. 20. El Poder Legislativo se reunirá cada año en la Capital de la República el día 6 de Agosto, aunque no haya previa convocatoria; sus sesiones ordinarias durarán sesenta días, prorrogables hasta noventa, a juicio del mismo Congreso...".
La guerra federal y la gran sublevación indígena.
La guerra federal, coincidente con el paso entre dos siglos, representó un cambio radical del eje de poder político, social y económico, aunque no determinó un cambio en la estructura de quienes lo detentaban.
Varios factores explican la confrontación que en los hechos fue una guerra civil. La realidad socioeconómica de Bolivia mostraba un dislocamiento de los centros de decisión. La Paz fue durante todo el siglo XIX la primera ciudad de Bolivia y frecuentemente sede de los gobiernos nacionales (comenzando por el de Andrés de Santa Cruz). Su dinámica como ciudad se vería muy pronto respaldada por el nacimiento de la economía del estaño que desplazó el eje Potosí – Sucre al eje Oruro – La Paz. La caída de la plata trajo consigo el debilitamiento de la influencia de los viejos caudillos conservadores.
El federalismo fue una bandera coyuntural mediante la cual se inflamó el sentimiento regionalista del poderoso departamento de La Paz para justificar la rebelión, aunque no es menos cierto que algunos de sus propugnadores creían genuinamente que el federalismo era la mejor solución para Bolivia.
El estallido formal del problema se dio el 18 de noviembre de 1898 cuando el congreso reunido en Sucre después de un áspero debate proclamó la ley de Radicatoria que exigía al presidente su presencia permanente en la capital de la República, precisamente como respuesta a la exigencia paceña. La brigada de La Paz que había pedido sin éxito la reunión de un congreso en un punto ‘neutral’, Cochabamba para discutir el tema sin presiones, decidió abandonar la ciudad de Sucre en señal de protesta. Fue el rompimiento de lanzas entre el norte y el sur. En el ínterin, el 6 de noviembre de 1898 un gran mitin reunido en la plaza de armas paceña, exigió el federalismo y el 14 se creó un comité federal presidido por el jefe de los liberales José Manuel Pando, quien irónicamente como senador por Chuquisaca votó a favor de la aprobación de la ley de radicatoria.
Alonso, a pesar de su postura contraria a la ley que promulgó a regañadientes y de su posición conciliatoria, no tuvo más remedio que ponerse a la cabeza del ejército del sur y marchar a Oruro a la que llegó el 15 de diciembre de 1898.
El escenario de la guerra civil se enmarcó básicamente en los departamentos de La Paz y Oruro y algunas provincias de Potosí y Cochabamba. Aquí hay que detenerse en el pacto entre Pando y Pablo Zárate Willca,(denominado "terrible Willca") que marcó un hecho sin precedentes en la historia republicana. La alianza estuvo probablemente sazonada por compromisos reivindicatorios para los indios que habían sido sistemáticamente expoliados como consecuencia de la legislación de 1880, pero estaba claro que respondía a un interés específico y militar por parte de Pando. Entre enero y abril de 1899 se desataron acciones en las que los masivos contingentes indígenas fueron decisivos para el triunfo de los federales. En varias provincias hicieron un cerco de bloqueos y ataques que diezmaron al ejército de Alonso.
El 24 de enero de 1899 en Cosmini, Pando derrotó a Alonso en la batalla del primer crucero. Los heridos en el combate de Cosmini se quedaron en Ayo Ayo. Al atardecer, más de un centenar de comunarios rodearon el pueblo, tomaron la plaza principal y asediaron a los heridos refugiados en el templo. En la noche los indios tomaron la iglesia y asesinaron bajo efectos  del alcohol  a todos los chuquisaqueños y a un par de vecinos del pueblo. En esta tragedia murieron 27 soldados y el capellán Fernández de Córdova. Mariano Baptista, indignado escribió en Sucre el libelo Lugentes Campi (campos del dolor), un manifiesto demoledor y fuertemente racista contra los aymaras.
El hecho más estremecedor de la guerra federal se produjo en Mohoza y no tuvo que ver con el enfrentamiento entre federales y constitucionales. El abuso de los oficiales federales contra los pobladores dieron pie a la intervención de una hueste indígena comandada por el caudillo Lorenzo Ramírez. Lograron desarmar a la tropa apelando a la mutua confianza y garantía. Una vez desarmados, los soldados refugiados en el templo creyendo ingenuamente en su inviabilidad, en la madrugada del 1º de marzo los 130 efectivos del escuadrón Pando fueron vejados, torturados y asesinados salvajemente en uno de los episodios más horrorosos de toda nuestra historia.
El 10 de abril ocurre la batalla en la Pampa de Paria o del Segundo Crucero, dura 80 minutos y los Alonsistas resultan derrotados. El Temible Willca había demostrado valor, don de mando y dureza en acciones verdaderamente exitosas comandando a miles y miles de indios. El 22 de abril de 1899, Zárate y su estado mayor fueron hechos prisioneros en Sicasica, con lo que desbarató la cabeza del movimiento que fue reprimido y disuelto sin contemplaciones. Así se cerró uno de los momentos más dramáticos del enfrentamiento entre la elite de poder y la mayoría aymara y quechua del país.
Si bien la junta federal se constituyó en diciembre de 1898, su verdadero ejercicio de gobierno comenzó con la caída de Alonso en la batalla del segundo crucero. Por algunos meses, Oruro fue la capital del país donde despachó la junta federal, que estaba dividida sobre la cuestión de la capital. Pinilla y Reyes Ortiz pretendieron aprobar una disposición designando a La Paz como capital de Bolivia; Pando no lo aceptó e impuso su punto de vista. Sin embargo, con el ascenso liberal, La Paz se convirtió en sede de gobierno De facto. Después de la convención reunida en Oruro y tras la elección de Pando como Presidente, los sucesivos gobiernos y el parlamento radicaron en la ciudad del Illimani, aunque se respetó el reconocimiento legal de Sucre como capital del país. El presidente Pando que había combatido en la guerra civil a nombre del federalismo, pero que ya en marzo en plena campaña había expresado “el federalismo es solo un medio de regeneración política… el federalismo o el unitarismo dependerán de una convención nacional”. El debate fue arduo y ante la imposibilidad de un acuerdo se pidió una postergación de la votación sobre tema tan crucial para la siguiente legislatura. El tema nunca más volvió a tratarse en el congreso boliviano. Bolivia continuó como una nación unitaria”.

Balada mínima a la ciudad blanca del coraje...

Sergio P.Luís

Ahora, en la víspera de recordar que hace doscientos años
se gestó el nacimiento de la Patria, no tengo palabras distintas; sigue mi dolor por los agravios que se repiten desafiantes... Los ignaros, en olímpico desprecio por la historia y el valor de los hombres libres, se regodean con el odio y conforman hordas aullantes y violentas para sojuzgar. Y tienen al caudillo entronizado por el resentimiento, para proseguir su marcha destructora.
Esta es mi balada, tan sentida ayer como hoy,
que deseo repetirla como mi homenaje permanente al valor y la dignidad de un pueblo –el de mis antepasados– indómito y resuelto a seguir siendo libre

Bolivia, mayo de 2009

Balada mínima a la ciudad blanca del coraje [i]

Me pasa, quizá, como a Federico [ii],
“¡que no quiero verla!”
No quiero estar cerca de la matanza.
Mi recuerdo –y eso ya es falso– sólo se llena de una plaza ancha, fragante y blanca.
Pero ahora, ya ni siquiera tiene el gris plateado de sus noches luminosas
¡Que no quiero verla! Es cierto que esto me pasa por fatalista, por mi inmenso temor y por rezar y, simultáneamente, maldecir.
Tengo recuerdos hechos jirones, y unos papeles viejos, que procuro salvar. Pero ahora, la tragedia… ¡Que no quiero verla!
¡Que no quiero verla! Es cierto que esto me pasa por fatalista, por mi inmenso temor y por rezar y, simultáneamente, maldecir.
Tengo recuerdos hechos jirones, y unos papeles viejos, que procuro salvar. Pero ahora, la tragedia… ¡Que no quiero verla!

Veo el tiempo nuevo, distinto; ahora manchado de odio infinito,
con el rojo-sangre que yo no quería ver, ni veré nunca, derramado en la arena
Yo, a lo lejos, miro las imágenes terribles que no quedarán en mis recuerdos.
Quiero, luego del olvido, que me quede la añoranza de la ciudad que me cobijó con su hidalguía y me prestó sus cuatro nombres.
Contigo, campanario de ilusiones y raíz de libertad; la patria va a perdurar con honor eterno…
[i] La versión original de esta balada se publicó bajo el pseudónimo de Sergio P. Luís.
[ii] Federico García Lorca.
[iii] Ricardo Jaimes Freyre
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lunes, 7 de julio de 2014

Poema a Chuquisaca


Chuquisaca es mujer, es madre y es libertad.
 Es fecunda y generosa. Es dulce y es fuerte.
 Chuquisaca es mujer y Sucre son sus ojos.
 En sus entrañas se gestan hijos e hijas valientes
 que la defenderán siempre con bravura y amor.
 Como hace casi 200 años, ahora sus hijos,
 quienes se han formado en la calidez
 de su regazo  y sujetados por sus fuertes brazos,
 alzan la voz con coraje, mientras se
 encaminan hacia un mañana mejor,
 que como luz de esperanza,
 indica el destino promisorio
 a esta tierra libre  y mil veces bendita. 


 
¡FELICIDADES SUCRE Y CHUQUISACA,
 CUNA DE LA LIBERTAD AMERICANA!!

 
(Autor Anónimo)



Bandera Chuquisaqueña
Germán Zelada Urioste


Mi bandera está en la altura
flameando con altivez
con la Cruz de San Andrés
roja sobre su blancura.
Es signo de la bravura
del pueblo de mis mayores,
en mi verso los honores
le rindo con gran fervor
y le juro por mi honor
jamás cambiar sus colores.

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Ciudad Blanca
Germán Zelada Urioste
Soy de aquella ciudad enjalbegada
que tiene más de cuatro centenarios
donde las voces de sus campanarios
de mi Patria anunciaron la llegada.
América se hallaba sojuzgada
por un rey de quien los feudatarios
convertidos en revolucionarios
fraguaron por ser libres asonada.
Chuquisaca y La Plata inicialmente,
será Charcas y Sucre finalmente,
bautizada conforme a sus edades.
Pensando en ella desde la distancia
mi alma lastiman con perseverancia
por la ausencia tan larga,
las saudades.

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La Calancha
Germán Zelada Urioste

Una bala es disparada
y de pronto, en La Calancha,
el albo lienzo se mancha
con una equis colorada.
Con la sangre derramada
Cruz en aspa se ha pintado
sobre el blanco inmaculado
de nuestra sagrada enseña,
Bandera Chuquisaqueña
que el déspota ha profanado.

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Romance de mi bandera
Germán Zelada Urioste

Más de siglo y medio viva
está por hoy mi bandera,
nació luego que la Patria
tuviera las dos primeras.
La creó Isidoro Belzu
según la historia nos cuenta;
al mirar el arcoíris
se prendó de su belleza
percibiendo tres colores
en la meseta orureña.

Tiene el rojo de la sangre,
el gualda de la riqueza
y el verde que se prodiga
como un mar en nuestras selvas.
Sangre de los “Colorados”
empapó la blanca arena
del Litoral usurpado
por la codicia chilena.
Por el Acre corrió rauda
entintando sus riberas
cuando Don Nicolás Suárez
al “bandeirante” dio guerra.
Caldeados arenales
del Chaco su sed extrema
saciaron casi cuatro años
bebiendo la sangre nuestra…
y llegó un aventurero
de barba y melena luenga
que hizo sangrar soldaditos
por una causa proterva.
¡Qué pena, la franja roja
se entinta con sangre fresca
que se derrama hoy en día
en unas luchas internas
casi siempre por la culpa
de algún Caín que gobierna!
Amarillo es el color
del centro de mi bandera.
Brillante cual la corona
que el Inca tuvo en la testa
y el oro que la Conquista
se llevara a manos llenas,
como ése que los mineros
extraen a duras penas
de las arenas del río
y barrenando la piedra.
Es como el de la retama
el gualda que hay en mi enseña.


Verde como la esperanza
la faja que es la tercera,
color que pinta en el valle
los sembrados y las huertas.
Verde inmenso del oriente
que los llanos todos llena,
verde de la altiplanicie
de sementera y yareta.
Venero a mi tricolor
por única y verdadera,
no admito que la suplante
una divisa cualquiera
y muchos menos la ofenda
alguna insignia extranjera.
Como madre sólo hay una
sólo tengo una bandera,
que tiene el rojo de sangre,
el gualda de la riqueza
y el verde que se prodiga
como un mar en nuestras selvas.


(Santa Cruz de la Sierra, noviembre 2012)

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