Ahora, en la víspera de recordar que hace doscientos años
se gestó el nacimiento de la Patria, no tengo palabras distintas; sigue mi dolor por los agravios que se repiten desafiantes... Los ignaros, en olímpico desprecio por la historia y el valor de los hombres libres, se regodean con el odio y conforman hordas aullantes y violentas para sojuzgar. Y tienen al caudillo entronizado por el resentimiento, para proseguir su marcha destructora.
se gestó el nacimiento de la Patria, no tengo palabras distintas; sigue mi dolor por los agravios que se repiten desafiantes... Los ignaros, en olímpico desprecio por la historia y el valor de los hombres libres, se regodean con el odio y conforman hordas aullantes y violentas para sojuzgar. Y tienen al caudillo entronizado por el resentimiento, para proseguir su marcha destructora.
Esta es mi balada, tan sentida ayer como hoy,
que deseo repetirla como mi homenaje permanente al valor y la dignidad de un pueblo –el de mis antepasados– indómito y resuelto a seguir siendo libre
Bolivia, mayo de 2009
que deseo repetirla como mi homenaje permanente al valor y la dignidad de un pueblo –el de mis antepasados– indómito y resuelto a seguir siendo libre
Bolivia, mayo de 2009
Balada mínima a la ciudad blanca del coraje…
[i]
Me pasa, quizá, como a Federico [ii],
“¡que no quiero verla!”
No quiero estar cerca de la matanza.
Mi recuerdo –y eso ya es falso– sólo se llena de una plaza ancha, fragante y blanca.
Pero ahora, ya ni siquiera tiene el gris plateado de sus noches luminosas
¡Que no quiero verla! Es cierto que esto me pasa por fatalista, por mi inmenso temor y por rezar y, simultáneamente, maldecir.
Tengo recuerdos hechos jirones, y unos papeles viejos, que procuro salvar. Pero ahora, la tragedia… ¡Que no quiero verla!
Me pasa, quizá, como a Federico [ii],
“¡que no quiero verla!”
No quiero estar cerca de la matanza.
Mi recuerdo –y eso ya es falso– sólo se llena de una plaza ancha, fragante y blanca.
Pero ahora, ya ni siquiera tiene el gris plateado de sus noches luminosas
¡Que no quiero verla! Es cierto que esto me pasa por fatalista, por mi inmenso temor y por rezar y, simultáneamente, maldecir.
Tengo recuerdos hechos jirones, y unos papeles viejos, que procuro salvar. Pero ahora, la tragedia… ¡Que no quiero verla!
¡Que
no quiero verla! Es cierto que esto me pasa por fatalista, por mi inmenso temor
y por rezar y, simultáneamente, maldecir.
Tengo recuerdos hechos jirones, y unos papeles viejos, que procuro salvar. Pero ahora, la tragedia… ¡Que no quiero verla!
Veo el tiempo nuevo, distinto; ahora manchado de odio infinito,
con el rojo-sangre que yo no quería ver, ni veré nunca, derramado en la arena
Yo, a lo lejos, miro las imágenes terribles que no quedarán en mis recuerdos.
Tengo recuerdos hechos jirones, y unos papeles viejos, que procuro salvar. Pero ahora, la tragedia… ¡Que no quiero verla!
Veo el tiempo nuevo, distinto; ahora manchado de odio infinito,
con el rojo-sangre que yo no quería ver, ni veré nunca, derramado en la arena
Yo, a lo lejos, miro las imágenes terribles que no quedarán en mis recuerdos.
Quiero, luego del olvido, que me quede la añoranza de la ciudad que me cobijó
con su hidalguía y me prestó sus cuatro nombres.
Contigo, campanario de ilusiones y raíz de libertad; la patria va a perdurar con
honor eterno…
[i]
La
versión original de esta balada se
publicó bajo el pseudónimo de Sergio P. Luís.
[ii] Federico García Lorca.
[iii] Ricardo Jaimes Freyre
[ii] Federico García Lorca.
[iii] Ricardo Jaimes Freyre
*********************
No hay comentarios:
Publicar un comentario